En la década del 50, durante el auge económico de Venezuela, fue construido El Helicoide, un imponente edificio que inicialmente fue concebido como un moderno centro comercial en la ciudad de Caracas. Sin embargo, a lo largo de los años, este emblemático edificio ha sido testigo de una transformación oscura, convirtiéndose en un centro de tortura bajo el régimen chavista.

Durante décadas, El Helicoide ha sido utilizado por el gobierno venezolano para detener, interrogar y torturar a opositores políticos y activistas. Este edificio de forma helicoidal se ha llenado de historias de abusos y violaciones a los derechos humanos, convirtiéndose en un símbolo de represión para muchos venezolanos que han sufrido en sus instalaciones.

El pasado viernes, la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció el cierre de El Helicoide, generando diversas reacciones en la sociedad. Si bien esta decisión podría interpretarse como un paso hacia la justicia y la reparación de las víctimas, también plantea interrogantes sobre el destino futuro de este edificio que ha sido testigo de tantos horrores.

La reconvención de El Helicoide plantea un desafío importante para las autoridades venezolanas, quienes tendrán que decidir el uso que se le dará a este espacio cargado de historia y simbolismo. Mientras tanto, la sociedad civil y organizaciones de derechos humanos estarán atentas para asegurarse de que el cierre de este centro de tortura no quede impune y que se garantice la memoria y la justicia para las víctimas que pasaron por sus celdas.